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¿Cómo combatir la soledad cuando no tienes amigos?

La soledad es uno de esos conceptos con múltiples matices y aristas que conviene discernir. En este artículo queremos invitarte a la acción si te sientes solo y lo consideras un problema.

El filósofo Lao Tse lo expresó de un modo muy bonito al decir que todo viaje empieza con un simple paso, y es el que nos gustaría que dieras.

Lo primero es la aceptación de este conjunto de emociones sin juzgarte a ti ni a nadie. La mayoría de las veces, la primera que sale dañada al manifestarse es la autoestima.

Por tanto, siempre que puedas, empieza por cuidarte físicamente y realizar actividades que te hagan sentir bien, pero está en tu mano hacer muchas más cosas.

La soledad existencial, esa que acompaña toda la vida

¿Sabes lo que es la soledad existencial? Si la sufres, te sentirás rápidamente identificado.

No depende de que estés aislado o vivas rodeado de personas. Aparece asociada a una sensación de vacío existencial por el que te formulas muchos porqués y nunca consigues atisbar la respuesta.

s una continua tortura psicológica en la que inviertes enormes dosis de energía. Esto hace que experimentes tu entorno como un espectador, ajeno a ti, y te cueste darle un sentido a tu vida.

La solución, ahora, no es buscar más relaciones con personas. En este caso, debes intentar centrar tu mente en el aquí y en el ahora. Para eso, te puede ayudar la práctica de la meditación o del mindfulness y la técnica de detención del pensamiento.

Para ponerla en práctica, debes buscarte una palabra clave que te ayude a cortar tus pensamientos cuando entras en bucle buscando respuestas a tu existencia, como si se tratara de un interruptor. A algunas personas, hacer manualidades les lleva a ese estado mental de calma.

Es importante que aceptes que la realidad es la que es y observa cada cosa que haya a tu alrededor. Cuida tu cuerpo, haz ejercicio y toma consciencia de todo cuanto ves. Luego, si quieres, puedes escribirlo. Se trata de que generes endorfinas y sitúes tu mente en el momento presente.

La soledad transitoria, tan dolorosa como efímera

Esta se puede manifestar cuando cambias de ciudad por razones de estudios o laborales, si sufres una ruptura amorosa o has perdido a tu pareja por fallecimiento, por citar algunos ejemplos.

Dependiendo de las circunstancias y de si debes realizar el camino del duelo, es posible que te sientas aislado hasta que te adaptes a la nueva situación.

Para combatir la soledad, recupera tus viejas aficiones o considera otras nuevas y asiste a centros donde puedas desarrollarlas. En las sedes de las asociaciones de vecinos y en los ayuntamientos, suelen organizar cursos donde es fácil entablar nuevas relaciones.

Lo mismo te sucede si te gusta practicar un deporte. Hay grupos y organizaciones donde encontrarás un punto de partida para revertir la situación.

La soledad emocional, la más pura y frecuente

Es la que surge por la ausencia de relaciones afectivas estrechas con otras personas. Establecer vínculos afectivos y complicidades requiere tiempo y conocer a muchas personas.

Como no te van a buscar en casa, la mejor idea es que te acerques a asociaciones donde puedas dedicarte a tus aficiones favoritas o colaborar con alguna ONG. Ten en cuenta que, según el estudio de Jorge Moll y su equipo en 2006, ser generosos y dar, aunque sea nuestro tiempo, activa la región del cerebro que nos proporciona la sensación de placer.

Dentro de este tipo de soledad, existen varios subtipos que requieren soluciones diferentes:

Soledad amorosa

Desear tener pareja no es nada malo y es habitual en aquellas personas que no la tienen. Sin embargo, si ese anhelo te hace sentir solitario y se convierte en el centro de tu existencia, tal vez, tengas un problema.

Esto puede acarrearte iniciar un tipo de relación en el que manifiestes problemas de dependencia emocional o escojas parejas inadecuadas. Te aconsejamos trabajar la capacidad de sentirte bien contigo mismo, aprender a estar solo y cuidar tu autoestima.

Soledad crónica

Te has dicho me siento solo tantas veces que forma parte de tu día a día. Sabes que no es puntual y que tarde o temprano le tendrás que dar una solución porque así no puedes continuar. Te produce tanta tristeza esta situación que padeces depresión por falta de amigos.

En este caso, y aunque te cueste, el mejor paso es asistir a un especialista para que te acompañe y te guíe en los siguientes tramos del recorrido. Pronto podrás continuar de forma independiente.

Soledad global

Es una de las pandemias de nuestro tiempo. Les ocurre, por ejemplo, a muchas personas mayores que viven solas por no tener familia ni amigos. Si es tu caso, independientemente de cual sea tu edad, debes intentar salir a la calle todos los días.

Según tus circunstancias, intenta asistir periódicamente a una cafetería cercana, un gimnasio, una asociación de cualquier índole o un parque, entre otros, para intentar coincidir con las mismas personas y generar un vínculo de amistad.

Por otro lado, si te sobra alguna habitación, un gran número de universidades e instituciones organizan bolsas de alquiler de habitaciones para estudiantes o personas que no pueden pagar un piso completo. Así, dejarás de estar solo y además compartirás gastos.

La adopción de una mascota tampoco la debes descartar. Hay estudios, como el de Andrea Beetz y su equipo, que afirman que acariciar a un perro durante 20 minutos te ayuda a generar un 10 % más de serotonina, la hormona de la felicidad. Igualmente, te obliga a salir y socializas con otros propietarios de perros.

Sea cual sea tu caso, tienes a tu disposición múltiples opciones para no sentirte solo. Empieza por cuidarte e incorporar actividades a tu rutina diaria que te permitan compartir momentos con otras personas.

No obstante, la soledad no tienes por qué verla como algo negativo. Quizás sea el momento de conocerte mejor.

Bibliografía

  • Cacioppo, J.; Hawkley, L. (2010). “Loneliness Matters: A Theorectical and Empirical Review of Consequences and Mechanisms”. Annals of Behavioral Medicine 40
  • Jorge Moll, Frank Krueger, Roland Zahn, Matteo Pardini, Ricardo de Oliveira-Souza, and Jordan Grafman (2006): “Human fronto–mesolimbic networks guide decisions about charitable donation”. PNAS October 17
  • De Jong Gierveld, J., van Tilburg, T.G., Dykstra, P.A. (2006) “Loneliness and Social Isolation”. Cambridge University Press.