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La atracción sexual según la ciencia

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¿Te has preguntado por qué a algunas personas se las califica como atractivas? ¿O por qué asociamos el físico con la forma de ser? ¿Qué determina que sintamos atracción sexual por algunos individuos y no por otros?

En esta entrada queremos ahondar en estas cuestiones e investigar aquellos factores que influyen en el magnetismo entre dos individuos.

¿Qué es la atracción sexual?

Los seres humanos tendemos a buscar compañía con el fin de garantizar nuestra supervivencia como especie a través de la reproducción.

Esta tendencia a desear y buscar relaciones humanas también se incrementa por el apoyo emocional y los sentimientos de aceptación y pertenencia que nos aportan. Esto alimenta nuestra autoestima y reduce la inhibición conductual. Incluso puede ayudarnos a controlar ciertas emociones negativas como la ansiedad, la hostilidad o la depresión.

De esta manera se desarrollan procesos como la seducción y las relaciones sentimentales. El interés sexual o amoroso es, por lo tanto, el juicio que se hace de la otra persona en cuanto a su actitud, aspecto y conducta, y que deriva en una evaluación positiva (atracción sexual) o negativa (indiferencia u hostilidad).

¿Qué factores influyen en nuestra percepción sobre el atractivo de otros sujetos?

No podemos dejar de mencionar el físico de una persona como primera toma de contacto y primer punto que te hará decidir si estás interesado en ella o no. Según diversas teorías, además, siempre tenderás a emparejarte con personas que tengan un nivel de atractivo parecido al tuyo.

Es decir, los más guapos suelen interesarse por las más guapas y los que son menos agraciados suelen tender hacia personas semejantes. Pero no todo es el físico; esto es solo el comienzo. La atracción y la búsqueda de una pareja son un proceso complejo, en el que interviene una multitud de variables.

Una de ellas viene explicada por la teoría del intercambio social, la cual ofrece un enfoque economicista de las relaciones sociales. Según esta, nos preguntamos «qué gano yo en esta pareja, si lo comparo con lo que invierto en ella y lo que dejo de ganar». Así, la decisión de mantener una relación partiría de lo que se percibe que se puede conseguir del otro.

En este sentido, también nos encontramos con la teoría de la independencia, de Thibaut y Kelley. Esta propone que el grado de atractivo o atracción sexual viene condicionado por el beneficio medido con base en dos criterios: el grado de comparación y las distintas alternativas de las que disponemos.

Mientras que el nivel de comparación se refiere a los beneficios que tú consideras que mereces, la comparación de alternativas hace referencia a la calidad de las opciones que crees tener.

La influencia de las experiencias emocionales en el proceso de emparejamiento sexual

Es cierto que hay varios factores genéticos y psicológicos directamente relacionados con la atracción. Sin embargo, estos no determinan por sí solos nuestra elección final.

La selección de una pareja es un proceso subjetivo en el que intervienen también otros aspectos, como nuestras experiencias vitales, la cultura de la que provenimos, etc.

Es importante señalar que el vínculo que se desarrolló con la figura de apego es un elemento clave que influye significativamente en tus relaciones. Según esta teoría, las personas tratan de sanar sus heridas emocionales vinculándose con una pareja que podría causar un daño muy similar.

La explicación a este hecho es que buscamos personalidades con las que estamos acostumbrados a tratar y solemos proyectar en ellas nuestras carencias.

La semejanza y su influencia en la atracción sexual

Normalmente, nos atraen las personas que son como nosotros. Esto no significa que tu pareja deba ser exactamente igual en todo, pero sí es necesario que compartáis aficiones, inquietudes y valores. No es difícil demostrarlo; siempre nos fijamos antes en alguien que tenga varios puntos en común con nosotros, en detrimento de otras personas.

¿Es posible sentirse atraído por una persona totalmente distinta a uno mismo?

Puede ocurrir, aunque no es la norma imperante. Cuando descubres que te sientes atraído por alguien opuesto a ti, debes saber que esto responde a un mecanismo de complementación, según el cual buscamos las cualidades de las que carecemos. Por este motivo, en ocasiones una persona seria e introvertida puede sentirse fuertemente atraída por alguien muy extrovertido, y viceversa

¿Cuánto dura la atracción sexual en las parejas?

Según Helen Fisher, quien estudia este tema desde el año 1983, dentro del enamoramiento trabajan tres neurotransmisores: dopamina, noradrenalina y serotonina.

En este caso, el amor está íntimamente asociado con la presencia de dopamina, la cual también se vincula con la motricidad, las emociones y los sentimientos de placer. Los niveles álgidos de estos neurotransmisores perduran entre uno y tres años. Cuando bajan, descienden también la pasión y el deseo sexual.

Además, debemos tener presente que el deseo carnal o su falta están íntimamente ligados con nuestros genes y la predisposición a combinarnos con el máximo número de personas posible.

A modo de resumen, podemos decir que el enamoramiento es una reacción química que nos produce una sensación de placer y excitación ante una determinada persona. Durante esta fase, se idealiza a la pareja y las ganas de estar junto a ella son constantes.

Su duración tiene una base biológica, puesto que se ha comprobado, mediante numerosos estudios, que las personas sufren alteraciones en el organismo mientras dura. Estas reacciones, como hemos mencionado, tienen una duración máxima de entre dos y tres años.

A partir de entonces, la atracción sexual que sentimos disminuye debido a que la oxitocina u hormona del amor también se reduce en nuestro organismo. Nuestro cuerpo vuelve a sus funciones habituales y la relación de pareja pasa a otra fase, y se sigue construyendo sobre bases más racionales y sólidas.

Como no podía ser menos, la atracción sexual es un asunto complejo y en el que intervienen factores de todo tipo, desde genéticos y primitivos a psicosociales y neurológicos. Fascinante, ¿verdad?

Bibliografía:

  1. Figueredo, A. J.; Kirsner, B. R. y Tal, I. (2002): «Amigos y amantes: los valores relativos de trueque de diferentes tipos de compañeros en el intercambio social», en Actualidades en Psicología, vol. 18, núm. 105.
  2. Fisher, H. (1992): Anatomía del amor. Anagrama.
  3. Sangrador, J. L. (1993): «Consideraciones psicosociales sobre el amor romántico», en Psicothema, 5.

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