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¿Qué es el BDSM? 4 claves para practicarlo

Es más que probable que hayas visto antes estas siglas juntas, pero ¿qué es el BDSM? En líneas generales, se trata de un conjunto de prácticas sexuales que se alejan bastante de lo que se considera «sexo tradicional».

Éxitos literarios recientes como Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, han suscitado el interés del público general sobre esta forma de entender las relaciones íntimas. No obstante, hay que tener presente que este tipo de actividades eróticas no son aptas para todo el mundo.

Si has llegado hasta aquí, está claro que este es un tema que te interesa. A lo largo de este artículo trataremos de desengranar todos los conceptos que envuelven al BDSM. ¿Estás listo?

¿Qué es el BDSM?

El término fue acuñado en los años 90 con el fin de agrupar ciertas fantasías eróticas a través de sus siglas:

Bondage (B)

Es una palabra francesa que se podría traducir como «esclavitud». Consiste, básicamente, en la inmovilización del cuerpo de una persona con ataduras, normalmente cintas, cuerdas o esposas. Cabe destacar que estas pueden darse en la totalidad del cuerpo o solo una parte. Asimismo, también es común usar otros privadores sensitivos como mordazas o vendas en los ojos.

Disciplina y Dominación (D)

La disciplina hace referencia a las prácticas sexuales que tienen que ver con la flagelación como actividad excitante. Históricamente, se asocia con los tipos de castigos disciplinarios que se solían ejercer en las escuelas inglesas.

Cinturones, fustas, reglas de madera o, simplemente, la palma de la mano son los instrumentos clásicos para inflingir estos castigos, y se hace, normalmente, en las nalgas. No obstante, hoy en día el término se ha expandido y también abarca protocolos de comportamiento o adiestramiento.

En cuanto a la dominación, se trata del conjunto de prácticas eróticas donde una persona ejerce un rol dominante sobre otras que adoptan un rol de sumisión. Así, el dominante actúa, manda y dispone en función de su voluntad y deseo.

Sumisión y Sadismo (S)

La sumisión es la otra cara del concepto del que te hablamos en el apartado anterior. Para que haya un dominante, debe haber una persona dispuesta a seguir sus órdenes. Así pues, el papel del sumiso consiste en obedecer y permitir que la otra persona tenga total libertad sobre su cuerpo.

Como ves, se trata de una práctica complementaria a la dominación. Por tanto, lo normal es referirse a este tipo de prácticas como relaciones S/D.

El sadismo le debe su nombre al marqués de Sade, un escritor y filósofo francés del que seguramente hayas oído hablar. Aunque se puede aplicar a otros ámbitos, en este contexto se refiere a obtención de excitación y placer sexual al causar dolor, sufrimiento o humillación a otra persona.

Es importante señalar que la persona que adopta el papel de sádico tiene la obligación de cuidar la situación de la otra persona para evitar cualquier tipo de daño.

Masoquismo (M)

Por último, tenemos el masoquismo, cuyo término proviene del también escritor Leopold vin Sacher-Masoch. En este caso, la persona obtiene placer cuando experimenta dolor, incomodidad o humillación.

Resulta evidente la correlación que existe con el sadismo, ya que son conceptos contrapuestos que se complementan a la perfección. De esta manera, es frecuente ver estos dos conceptos unidos bajo la fusión de los dos nombres: sadomasoquismo.

Como puede apreciar, todas estas prácticas que hemos mencionado están muy relacionadas unas con otras, de ahí su agrupación bajo las siglas BDSM. Además, hay que tener muy claro que el ingrediente principal de todas estas actividades eróticas es el consentimiento de las partes implicadas. En caso contrario, podría ser indicativo de trastorno mental.

Consejos para disfrutar del BDSM de forma ética

¿Quieres empezar en este mundo, pero no sabes cómo hacerlo? Sin duda, al principio puede parecer bastante intimidante, aunque con el asesoramiento adecuado, tendrás la posibilidad de disfrutar de experiencias muy positivas. Estos son nuestros consejos para ti.

1. Buscar el consenso

Todas estas prácticas no solo son consentidas, sino consensuadas. Es decir, hay un deseo compartido de llevarlo a cabo. Si esto es importante en las relaciones sexuales tradicionales, en el BDSM cobra incluso mayor relevancia.

Charlar de una manera distendida sobre los deseos y límites de cada uno es esencial e incluso puede ser también muy sexy y divertido. Como siempre «no es no», no hay que insistir y forzar si no hay una respuesta positiva y entusiasta desde el principio.

2. Seguir un guion

Es recomendable seguir siempre, en la medida de lo posible, un guion previamente diseñado. Esto evitará incurrir en prácticas que quizá no resulten tan positivas para ambos, ya que «en caliente» se toman decisiones que pueden resultar erróneas. Si surgen ganas de hacer algo que no estaba previsto, lo mejor es siempre dejarlo para la próxima sesión

3. Ir poco a poco

Además de seguro y consensuado, el BDSM debe ser sensato. Esto es, no es recomendable realizar actividades para las que no estás preparado. Empieza despacio y poco a poco, ¡no hay prisa! La práctica y la planificación son clave para poder intentar nuevos retos.

4. No hay que olvidar el aftercare

El aftercare es el cuidado mutuo que se hace tras las sesiones y que resulta indispensable. En las actividades de este tipo hay mucho desgaste físico y mental, por lo que es necesario tener un momento donde reine la ternura y la tranquilidad. Esto ayudará a relajarse y liberar toda la tensión acumulada.

El BDSM engloba un conjunto de prácticas sexuales que requieren de consenso, seguridad y sensatez. Es la única manera de poder disfrutar de él de forma ética y positiva.

La comunicación y la planificación, entre otros, son aspectos que no puedes pasar por alto si quieres empezar con este tipo de sesiones. Además, recuerda ir de manera progresiva y disfruta el proceso de aprendizaje.

Ahora que ya sabes qué es BDSM y nuestros consejos para practicarlo, esperamos que te inicies del mejor modo posible en este mundo tan interesante como excitante.